BUENA CONCIENCIA CRIMINAL, un texto de Jorge Ramírez

Imagen tomada de Pixabay

Horacio sobrevive las oscuras noches acurrucado en el zaguán de la Iglesia del Cristo Redentor. Cuando es tiempo de secas, el cartón en el que duerme mitiga el frío del concreto, pero en tiempo de lluvias es el agotamiento lo único que permite dormir, eso,  y el calor que brinda una botella de alcohol. 

Horacio es un indigente.  Un excluido.  Es la ausencia de color.

Su ropa refleja el sufrimiento en su vida. Su luz interior oscurece su mirar.  La inflamación de sus pómulos ha sido ocasionada por hombres que para él solo tienen el lenguaje de la fuerza y  la humillación. 

Manotea mientras camina las calles discutiendo con el aire.

Es evitado. Es ignorado. Colocado por algunos privilegiados en el escalón donde está vetada la capacidad de amar. En las sombras.  En la obscuridad.

En primavera, disfrazada de pelos, patas y ladridos, la vida lo despertó una mañana. 

Fue cruzar miradas y enlazar destinos; a partir de ese momento, en la vida sin nada de Horacio, se afincó una pequeña perra con ojos de inocencia y estómago tan vacío como el alma de ese hombre.

Las vías de concreto guiaron los desordenados pasos de ambos. El humano sentir de Horacio se desperezó con cada comida compartida, cada noche que ella restregaba el lomo contra su cuerpo en el ritual que precedía al descansar. A lengüetazos, su esencia era rescatada por el animal.

Pero la incipiente alegría de aquel hombre, incomodó a las buenas conciencias vecinas, quienes temiendo por el bienestar de la cachorra le ofrecieron a Horacio comoprársela. 

“¿Qué vida llevaría el aquella perra a su lado?, ¿cómo iba a sobrevivir?”

El desprecio al hombre disfrazado en el interés por el animal.

Humillado al ser considerado un paria sin valor suficiente para cuidar a un perro, Horacio desdeñó la oferta y, seguido de cuatro patas, continuó su camino.  Aquello poco duraría.  A veces la idea de bienestar es un lobo agazapado bajo la oveja, listo para atacar.

Una tarde de verano, mientras Horacio dormía en una banca del parque, una “buena conciencia” sustrajo a la cachorra. Furtiva. Criminal.

No hay forma más certera de matar a un ser humano que robarle la esperanza y dejarle obscuridad. Recién finalizado el sueño, la pesadilla inició.

Con la fuerza de mil voces el lamento de aquel hombre rompió la quietud del parque, haciendo que, conmovidas, las aves huyeran de los árboles propagando el quejido en su canto.  El cuerpo de aquel hombre se quebró. Todo volvió a ser negro para Horacio. 

Cuando no hubo más lágrimas que llorar, las horas de los días solo tuvieron un sentido para él: buscar a su perra como el náufrago busca playa a donde arribar. Con el tiempo se convirtió en peregrino sin retorno. Las calles que alguna vez recorrió añoran sus pasos desordenados y el viento de la colonia ya no tiene con quién quien conversar, olvidó la calidez convirtiéndose en otoño permanente.

El primer día de invierno la conmoción visitó la iglesia del Cristo Redentor. La feligresía era testigo de una transformación en el altar, la figura humana, multicolor, hoy era una escultura de piedra de negro absoluto: túnica, ojos, piel, corazón; en igual negritud, acurrucado a sus pies, un desvalido duerme exhausto, pétreo. En ambos rostros resplandece una lágrima roja de brillo tan intenso que por las noches brinda cobijo a quienes, en el zaguán, se tienden sobre un cartón en la espera de ser abrazados por la obscuridad.

13 respuesta a “BUENA CONCIENCIA CRIMINAL, un texto de Jorge Ramírez”

  1. Rudo relato que suma a quienes hemos transitado por la oscuridad más profunda, melancólica y abyecta, invisible, cruenta y desgarrante, que sumerge en la soledad de la consciencia.

  2. Es un estupendo relato. Me conmovió aún más en la soledad de esta lectura que en la compañía del taller.
    Dentro de esa dura, triste historia, hay frases bellísimas de un escritor culto y bueno.

  3. Logró ausentarme. Me arrojaste esa soledad insalvable y fatal. Sabor pavoroso en mi boca. Incapacidad de salvar a Horacio. Retrato de la insensibilidad hacia el invisible desvalido.
    Gracias. Felicidades!

  4. Gran relato, episodio tristemente tan común, especialmente en las grandes ciudades que ya se nos hace normal o provoca indiferencia. Me dejaste con un nudo en la garganta Jorge. Felicidades.

  5. Relato brutal pero sensible. Te enviaré si me proporcionas tu mail una tesis doctoral de un colega antropólogo que realizó su trabajo de campo con personas en situación de indigencia y recordé tanto la esperanza.

    Gracias por mostrar que la soledad se comparte y la maldad de la humanidad pero que podemos construir muchos lazos para que no nos llegue.

  6. Es un texto para explotar la sensibilidad primeramente de mis alumnos y la comprensión lectora de los mismos. Mis alumnos a veces quieren algo nuevo, distinto a lo habitual y creo que este texto me es de gran utilidad.

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