Conjuro: respira, renuncia, revienta

Alberto Alcocer / @beco.mx

Conocí a Vanessa cuando ella tenía cuatro años. Era mi vecina, cuando ocurrió lo que voy a contar, ella ya había cumplido once. Desde el primer día la bauticé la Bigotes y es que tiene unos bigotes memorables. Estaba sentadita en las escaleras del edificio llorando con estertores, mocos y todo. Le pregunté qué le pasaba y me contó que su hermana mayor nunca quería jugar con ella. Le ofrecí un dulce y de inmediato le brillaron los ojos, levantó la cara marcada con surcos espesos de lágrimas y me acompañó a mi departamento. Ese día nos hicimos amigas.

Pero nuestro pacto de amistad quedó realmente sellado la tarde que se me cayeron las llaves del auto, ya las daba por perdidas cuando sonó mi timbre y la vi por la mirilla parada de puntitas con mis llaves en la mano y su carita de mejillas redondas resplandeciente.

Desde entonces y durante algunos años sostuvimos un intercambio inalterable cada vez que nos encontrábamos: ella me decía gracias por los dulces y yo le respondía gracias por las llaves. Pero luego todo cambió y cambió para siempre.

Una tarde bajé a tirar la basura a los contenedores generales y a mi regreso la encontré llorando, esta vez silenciosamente, sentada en un columpio de las áreas comunes. Con actitud de encontradiza me senté en el columpio junto a ella. No era la misma chiquita que había conocido siete años antes: ahora era una niña con sobrepeso y esos bigotes en un rostro que está a punto de mutar por la adolescencia, son todo menos motivo de gracia, los ojos brillaban igual —eso sin duda— y la redondez de su carita amable era para desbaratar a una legión de gladiadores entera.

Me atreví a preguntarle por qué lloras. Silencio. Fingí desinterés y empecé a columpiarme como si ella no estuviera ahí.

¿Por qué no estás en tu casa?, me preguntó después de un rato. Porque no quiero, respondí, ¿y tú?

Porque están mis primos, mis tíos y mis papás planeando la fiesta de quince años de mi hermana. Silencio. Y luego un llanto amargo, doloroso. A sus once años.

— ¿Quieres un dulce?

—Ya no como dulces, estoy gorda. Y fea. No me hables.

Me sacudió su respuesta directa y sin concesiones. Me quedé de una pieza, sin saber qué hacer o qué decir. Sintiéndome torpe y triste y con ganas de decirle todo lo que a mí nunca me dijeron.

Quise ser su Hécate, su no bonita, su no arquetipo angelical y bello, hablarle de los poderes mágicos que provienen de lo horrible. Quise repetir el coro de las brujas de Macbeth cantando sólo para ella. Decirle que lo hermoso es feo y lo feo es hermoso.

Hubierla querido hablarle de lo que será realmente importante cuando crezca.

Decirle importarán tus vivos y tus muertos, Vanessa. Tus propias muertes incesantes. Pero lo comprenderás tarde.

Así que alégrate de ser fea. Déjate los kilos, los bigotes y el vello en las piernas. Déjate también el brillo en los ojos, los cachetes de lactante, la dulzura en el rostro. Déjate a la única tú que podrá ponerte a salvo cuando el mundo se rompa bajo de tus pies. Porque se va a romper, y si tienes suerte, varias veces. Igual que se abrirá en mil grietas debajo de los pies de tu hermana alta, esbelta y deseada.

Y rompe, rasga, renace, respira, renuncia, revienta. Porque lo hermoso es feo y lo feo es hermoso.

No importa que no encajes en el canon de belleza: igual te van a destrozar el corazón, igual te vas a enamorar estúpidamente de alguno o alguna que habrá de ignorarte o se quedará dormido cuando tú le digas temblando, después de hacer el amor, cuánto le amas. Y no importará si tienes vientre plano o una panza redonda. No importará si eres talla cero o talla nueve. Será absolutamente irrelevante si llevas el atuendo monocromático más matador de la oficina o no tienes puta idea de cómo combinar unos jeans para verte elegante.

Y reza, ríe, rumora que lo hermoso es feo y lo feo es hermoso.

Y que tus ganas de vivir sean implacables porque el mundo será implacable, eso te lo firmo con sangre.

Porque el paraíso y el infierno pueden vivir en el alma de tu cuerpo o en el cuerpo de tu alma. Te recomiendo que elijas el alma. De cualquier manera te va a llevar la chingada pero será una chingada honda, rica, transformadora; la otra sólo puede agotarte hasta la locura, hasta que tu animal te abandone por cansancio. No dejes nunca que tu animal muera de hambre.

Y repta, rasca, ruge, rumia por lo feo y lo hermoso.

Escucharás a las hadas de la tiranía Flora, Fauna y Primavera decir que te dan los dones de la gracia, la belleza y la bondad. Ignóralas. Y haz exactamente lo que te dé la gana.

Verás cada día de tu vida cientos de imágenes de mujeres irreales, inalcanzables, con cutis de adolescente a los cincuenta años y piernas infinitas, cinturas estrechísimas, ridículas, insanas, famélicas, falsas, anémicas, las más bonitas, depiladas, hidratadas, larguiflacas y digitalretocadas de la pantalla. El espejito-espejito les responderá siempre a ellas que son las más bellas del reino. Y esa será su condena y un día su reino las dejará sin reina. Pero tú no le preguntes al espejo: escúpelo, sacúdelo, estréllalo.

Y hazte natural en la tierra de lo feo, porque es una tierra libre, autónoma, independiente, soberana. Fea como se te antoje, como te toque, como te dé la gana.

Fea con cabellera de raíces grasas y puntas secas, fea de piel con imperfecciones, fea de caderas anchas y nalgas planas, fea con bigotes, fea como bruja fea. Que te llamen bruja de vestido libre, de cuerpo y carnes reales. Bruja eros, mujer viva. Y come, bebe, fuma, besa, lame, devora todo lo que el mundo ponga en tu boca. Cómete al mundo tres veces al día todos los días de tu vida.

Y resuena, repite, regurgita, relame fea tus hermosos bigotes.

Andarás delante de las miradas masculinas sintiendo que son sables, dagas. Pero tú busca un buen amante, uno solo que redima tu cuerpo, que se pierda en tus carnes blandas, húmedas, reales, resbalosas, uno que se encuentre con tu jugo y sepa libarlo. Encuentra un buen amante y habrás salvado tu cuerpo de todos esos juicios aunque lo comprendas tarde, aunque cada tanto regrese el vacío o las inseguridades.

Y rasguña, resuella, revuélcate, roza, retoza, regocíjate con el hombre hermoso y con el hombre feo.

Sentí ganas de llorar delante de mi propia fantasía libre de sometimientos. Por supuesto que no dije nada. Quise abrazarla pero no pude, ella estaba seria, enojada, con la cara enrojecida. Se levantó del columpio de un salto y echó a caminar, unos pasos adelante se detuvo y me miró, le dije gracias por las llaves.

No me dijo gracias por los dulces.

Entré a mi casa, busqué mi ejemplar de tragedias de Shakespeare, empecé a leer Macbeth por enésima vez en mi vida:

Acto I. Escena I. Un lugar desierto. Entran tres brujas.

Y  mis tres brujas dicen: respira, renuncia, revienta.

@AlmaDeliaMC

81 respuesta a “Conjuro: respira, renuncia, revienta”

  1. Hoy que me encuentro rota me encuentro estás palabras tan acertadas, tan precisas, tan necesarias… No paro de llorar. Gracias Alma Delia por tocar mi alma en este momento.
    «Y rompe, rasga, renace, respira, renuncia, revienta. Porque lo hermoso es feo y lo feo es hermoso.»

  2. Lloro sin estertores, sin depresión o tristeza, lloro desborda sin enjugarme, disfrutaré mi tiempo aquí con mis imperfecciones y desatinos.

    Gracias por ser y escribir así.

  3. Tu texto es magistral. Sacude y alimenta el alma. Qué manera de escribir y lo que haces sentir. Es una delicia leerte. Admiro tu manera de expresarte. Gracias !!!

    1. Me recordó mi 3er año de primaria. Era una niña alta y en crecimiento. Era algo gordita. Mis compañeros de la escuela mostraban aversión a mi persona. Los mismos padres a veces demuestran este tipo de rechazo y es que un grupo de cerdos capitalistas millonarios nos vendieron la idea de que no éramos perfectos para vendernos productos para hacernos perfectos y que jamás lleguemos a serlo. Porque el amor propio no vende. Uno se rompe, varias veces, y recuerda, y se ama y se olvida otra vez, pero resiste lo posible por ser revolucionario en este mundo falso. Es difícil hacerlo con uno mismo, ¿cómo lograrlo con quienes tenemos alrededor? Gracias por el fuego de tus palabras. Escribí un texto dedicado a ti y quisiera hacértelo llegar.

  4. Todas hemos sido Vanessa, en algun punto de nuestra vida,hemos sido feas, rotas,discriminadas,pero algo unico en la faz de la tierra. Hermoso tu escrito mi fea Alma te admiro a montones Atte. La fea Victoria que se construye y destruye cada que se le rompe el mundo bajo los pies.☺

  5. «Y que tus ganas de vivir sea implacables, por que el mundo será implacable»
    Vaya que el mundonha sido implacable, pero mis ganas de aferrarme a la vida también. Gracias, me toca mucho leerte.

  6. Me encanta leerte, me transportas a ese columpio, pude ver sus muecas, alzando los hombros como si no le importará… que afortunada de tenerte como vecina. Y sí, hay que rompernos, y darnos en la madre para encontrarnos! Abrazos fuertes y apretados.

  7. Uff! Qué hermoso! No puedo mas que maravillarme con tus palabras. Siempre logras tocar fibras bien profundas en mi corazón. Te abrazo a la distancia! Gracias!

  8. Ojalá que Vanesa lea este texto. Ojalá lo lean todas las mujeres que crean que son feas porque no cumplen con esos estándares de belleza imposibles de alcanzar.
    Lo feo es hermoso!!

  9. Y come, bebe, fuma, besa, lame, devora todo lo que el mundo ponga en tu boca. Cómete al mundo tres veces al día todos los días de tu vida.
    Siiiii, no sabemos si sera la última oportunidad.

  10. El arquetipo como instrumento de medida condiciona y lastima a todos. Me fascino todo el texto, la forma de ir desmenuzando es fantástica y hasta poética. Me encanta este texto. Felicidades Alma Delia !!! Seguiremos escribiendo para llegar en algún momento a esta expresión texto.

  11. Lloré desde las primeras líneas, cuánta verdad. Gracias por la catarsis. En tus textos de alguna u otra forma siempre encuentro consuelo. Y así la vida, uno siempre se rompe pero hay que reconstruirse, por doloroso que sea y si efectivamente respirar, «renunciar, respirar y reventar» es la mejor manera de conseguirlo. Gracias Alma, un abrazo desde el alma rota pero completa.

  12. -¿Les tienes lástima? -exclamó don Juan en tono interrogante.
    -Claro que sí -dije.
    -¿Por qué?
    -Porque me preocupa el bienestar de mis semejantes. Esos son niños y su mundo es feo y vulgar.
    -¡Espera! ¡Espera! ¿Cómo puedes decir que su mundo es feo y vulgar? -dijo don Juan, remedándome con burla-. A lo mejor crees que tú estás mejor, ¿no?
    Dije que eso creía, y me preguntó por qué, y le dije que, en comparación con el mundo de aquellos niños, él mío era infinitamente más variado, más rico en experiencias y en oportunidades para la satisfacción y el desarrollo personal. La risa de don Juan fue amistosa y sincera. Dijo que yo no me fijaba en lo que decía, que no tenía manera alguna de saber qué riquez ni qué oportunidades había en el mundo de esos niños.
    Pensé que don Juan se estaba poniendo terco. Creía realmente que sólo me contradecía por molestarme. Me parecía sinceramente que aquellos niños no tenían la menor oportunidad de ningún desarrollo intelectual.
    Discutí mi punto de vista un rato más, y luego don Juan me preguntó abruptamente:
    -¿No me dijiste una vez que, en tu opinión, lo más grande que alguien podía lograr era llegar a ser hombre de conocimiento?
    Lo había dicho, y repetí de nuevo que, en mi opinión, convertirse en hombre de conocimiento era uno de los mayo res triunfos intelectuales.
    -¿Crees que tu riquísimo mundo podría ayudarte a llegar a ser un hombre de conocimiento? -preguntó don Juan con leve sarcasmo.
    No respondí, y él entonces formuló la misma pregunta en otras palabras, algo que yo siempre le hago cuando creo que no entiende.
    -En otras palabras -dijo, sonriendo con franqueza, obviamente al tanto de que yo tenía conciencia de su ardid-,
    ¿pueden tu libertad y tus oportunidades ayudarte a ser hombre de conocimiento?
    -¡No! -dije enfáticamente.
    -¿Entonces cómo pudiste tener lástima de esos niños? -dijo con seriedad-. Cualquiera de ellos podría llegar a ser un hombre de conocimiento. Todos los hombres de conocimiento que yo conozco fueron muchachos como ésos que viste comiendo sobras y lamiendo las mesas.
    El argumento de don Juan me produjo una sensación incómoda. Yo no había tenido lástima de aquellos niños subprivilegiados porque no tuvieran suficiente de comer, sino porque en mis términos su mundo ya los había condenado a la insuficiencia intelectual. Y sin embargo, en los términos de don Juan, cualquiera de ellos podía lograr lo que yo consideraba el pináculo de la hazaña intelectual humana: la meta de convertirse en hombre de conocimiento. Mi razón para compadecerlos era incongruente. Don Juan me había atrapado en forma impecable.
    -Quizá tenga usted razón -dije-. ¿Pero cómo evitar el deseo, el genuino deseo de ayudar a nuestros semejantes?
    -¿Cómo crees que podamos ayudarlos?
    -Aliviando su carga. Lo menos que uno puede hacer por sus semejantes es tratar de cambiarlos. Usted mismo se ocupa de eso. ¿O no?
    -No. No sé qué cosa cambiar ni por qué cambiar cual quier cosa en mis semejantes.
    -¿Y yo, don Juan? ¿No me estaba usted enseñando para que pudiera cambiar?
    -No, no estoy tratando de cambiarte. Puede suceder que un día llegues a ser un hombre de conocimiento, no hay manera de saberlo, pero eso no te cambiará. Tal vez algún día puedas ver a los hombres de otro modo, y entonces te darás cuenta de que no hay manera de cambiarles nada.
    -¿Cuál es ese otro modo de ver a los hombres, don Juan?
    -Los hombres se ven distintos cuando uno Ve. El humito te ayudará a ver a los hombres como fibras de luz.
    -¿Fibras de luz?
    -Sí. Fibras, como telarañas blancas. Hebras muy finas que circulan de la cabeza al ombligo. De ese modo, un hombre se Ve como un huevo de fibras que circulan. Y sus brazos y piernas son como cerdas luminosas que brotan para todos lados.
    -¿Se ven así todos?
    -Todos. Además, cada hombre está en contacto con todo lo que lo rodea, pero no a través de sus manos, sino a través de un montón de fibras largas que salen del centro de su abdomen. Esas fibras juntan a un hombre con lo que lo rodea: conservan su equilibrio; le dan estabilidad. De modo que, como quizá Veas algún día, un hombre es un huevo luminoso ya sea un limosnero o un rey, y no hay manera de cambiar nada; o mejor dicho, ¿qué podría cambiarse en ese huevo luminoso? ¿Qué?

  13. Me acepto y me rebelo como soy, con mis glorias y mis miserias. Y escupo y beso con el mismo coraje y la misma fe.
    ¡Qué increíble texto!
    Gracias por estas palabras.

  14. No solo las mujeres pasan por esa etapa de enojos, tristezas y desolación por comentarios tan soeces. También a nosotros nos pasa cuando no somos tan agraciados físicamente, tímidos y sin dinero. Tan es así que vivimos atrapados en la mediocridad hasta nos decidimos salir y tomar el mundo en nuestras manos. Claro, sin vengarnos de todos y muy pocos optamos por de demostrarles que somos iguales a los demás.

  15. Hoy, mallugada por dentro, tus letras, no como vez primera, reconfortan y limpian los ojos que parece que también recuerdan. Gracias vacíar siempre las tripas y el corazón, por hacer que me encuentre en tus palabras❤️

  16. Me recordó a Carlota de tu libro y por tus palabras no aguanté las lágrimas. Gracias por ser tan honesta con lo que escribes y describes en tus textos, es sanador.

  17. El juego de la vida es como el de serpientes y escaleras. Cuando haz jugado tanto y ves que alguien le toca la serpiente y baja tanto hasta romper el alma, se antoja no tirar el dado, sin embargo, la empatía por saberlo, hace que abraces a quien se la pasa empezando nuevamente.
    Tu narrativa es hermosa, la realidad de algunas personas es muy triste.
    Te mando un abrazo

  18. tengo una hija adolescente a la que muchas veces no se que palabras pueden inspirarme para levantar su autoestima de reina…las he encontrado en ti, en este texto. Me hiciste llorar y te lo agradezco al igual que a Vanessa que te inspiró…eres grande Alma!!!

    1. Mi querida feúcha,
      mi compañera de armas
      (las de tomar)
      perdón x lo confianzuda,
      te mereces los laureles,
      orgasmos de lágrima batiente
      de risa fresca trituran
      tanta escena dolorida.
      Te nombro ‘Reina y Espejo’
      del círculo de la Vida,
      y en la sombra del silencio
      todo el llanto compartido
      sabroso perfume de ajo,
      esquina que no se dobla,
      revés de la calavera
      austero perro gozoso
      con sus pulgas calle arriba
      del peñón y de tu mano
      nos tiramos todes
      ¡Ya!

  19. Ja. Si vieras lo que se vive con piernas largas, figura esbelta, y mujer independiente.
    Puedes gustarle a muchos pero nadie se arriesga del todo a tener a una mujer así, te tienen miedo.
    En realidad ni así la vida es fácil.
    Y esa supuesta belleza se desvanece.
    Y te das cuenta que no hay nada mejor que brindar tu interior ese que no tiene medidas, simplemente es hermoso, y es lo mejor que podemos dar. Abrazo a todas

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