posmodernos y jodidos

Manzanero y la insensatez del amor

Se siente la muerte, es así de terrible.

Separarnos de quien amamos es morir temporalmente porque nos aniquila para el otro, mata esa vida que ya no tendremos. Por eso le llamamos duelo.

Pero cómo decirlo con la sencillez necesaria para que resuene en el alma de los despechados y con la poética universal para que cualquiera pueda entenderlo.

Pues ahí están las canciones de Armando Manzanero: no estar contigo por Dios que me hace daño (…) estoy muriendo, amor, porque te extraño.

Zas. De golpe y porrazo nos habla del amor como patología, de la muerte y lo divino en una frase cuya simplicidad es notable y de la que pocos son capaces. Porque aunque vayan y vengan las quejas de las "letras tóxicas", hay que aceptar que la experiencia humana es tóxica, criaturas. A estas alturas ya deberíamos saberlo.

La sencillez es el enorme mérito de sus composiciones que han cantado Tony Bennet, Frank Sinatra, José José y hasta la peleada versión de Somos novios que cantó Elvis Presley rebautizada como It’s impossible.

Dicen que medía apenas 1.55,  una cosita de poco más de metro y medio de estatura pero qué cosita.

Hay que tener mucho dentro para escribir cerca de cuatrocientas canciones. Acabo de darme un atracón escuchándolas —no todas pero muchas, y no sé tú pero yo quisiera repetir el cansancio que me hiciste sentir: un extraño fenómeno ocurre oyendo la música de Manzanero y es que dan ganas de enamorarse, de tener a quien decirle adoro el brillo de tus ojos o contigo aprendí que yo nací el día que te conocí.

Ya puesta de puro romanticismo y, bueno, del efecto de dos mezcales que ayudaron un poco, descubrí una veta interesante (o así me lo pareció en mi breve ensoñación etílica) en las letras de este señor: lo he denominado el erotismo soft dentro del romance hardcore.

Primero hace declaraciones enamoradizas y chispeantes de candidez como Somos novios, mantenemos un cariño limpio y puro pero luego suelta esta línea: como todos, procuramos el momento más oscuro. ¡Ajá! Para qué vamos a negar que también se dan sus arrimones en lo oscuro y aquello del “cariño limpio y puro” era sólo una coartada, un despiste para el enemigo. Que en la guerra y en el amor todo se vale.

Y en la misma zona carnal pero romancera de sus letras nos encontramos con esta asociación asombrosa: Voy a apagar la luz para pensar en ti (frase de la semiótica romántica) pero después nos sorprende con y así dejar volar a mi imaginación ahí, donde todo lo puedo y volvemos al erotismo sugerido o quizá ni tan sugerido y más bien frontalmente calenturiento pues la canción remata diciendo cómo te abrazaré, cómo te besaré y mis más ardientes anhelos en ti realizaré. Es decir que se nota la abstinencia del cuerpo amado, pues.

Armando Manzanero estuvo dotado de una elegancia notoria y una energía imparable, no sólo compuso y cantó sino que también fue productor musical y además dirigió la Sociedad de Autores y Compositores de México.

Cuatrocientas canciones es una producción extraordinaria, hay versiones en las voces de Chavela Vargas, Elis Regina, Celia Cruz y Alejandro Sanz. Estoy segura de que aún no han nacido las voces que lo seguirán interpretando dentro de veinte y cincuenta años, sé que no exagero porque historias de amor —ruego a los dioses que así sea— tendremos siempre mientras la humanidad exista y no ceda su presencia de carne y hueso al código binario de la sequía digital.  A pesar de los pesares.

Hace años vi a una pareja bailar “Adoro”. Era su canción, esa pieza fundacional que sellaba el vínculo durante la celebración de su boda.

Tal vez era demasiado obvio, hasta cursi, pero la piel se erizaba al contemplar ese happening mientras se oía adoro el brillo de tus ojos y una luz ámbar cruzaba la mirada de los novios con una potencia conmovedora: la de la fe ciega en el amor pasado por un matrimonio que todos sabemos que mutará en otra cosa y aún así hay legiones que insisten en buscarlo, o quizá no sea fe sino necedad pura. Pero qué es el amor sino una gran insensatez de la que todos participamos. Y aunque la realidad nos demuestre lo contrario, una y otra vez fantaseamos con que es posible dominar a esa bestia insensata. Esa que hizo que ese portento chiquito pero Manzanero, escribiera —además de con talento—canciones con alma.

Buen viaje, maestro.

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Alma Delia Murillo

Es escritora, autora de los libros Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) y El niño que fuimos bajo el sello de Alfaguara; Las noches habitadas (Editorial Planeta) y Damas de caza (Plaza y Valdés). Colabora en El Reforma, The Washington Post, El Malpensante, Confabulario de El Universal, Revista GQ y otros medios. Desarrolla guiones para cine y teleseries. Autora de las audioseries y podcasts en Amazon Audible: Diario la libro, Ciudad de abajo, Conversaciones, El amor es un bono navideño.

7 Comments

  1. Monica Virgen

    Bien viaje maestro y gracias por este texto, la vida, el amor son así luz y sombras. Nadir y cenit y Don Armando no podía dejar de escribirlo

    • El maestro «Manzanero», es el amor haciendo canciones, es sentir el amor, es la pasión sutil que te lleva a la entrega sin condición, es vivir en una nube sintiendo la brisa, es estar enamorado y volverte enamorar, es caminar entre rosas y solo sentir la hermosura de cada flor, es un mundo de fantacia dónde el amor es el protagonista, es ese pequeño ruiseñor que va sorbiendo miel mientras deja la semilla de otra flor…

  2. Alberto Medina Castillo

    Y que decir de POR DEBAJO DE LA MESA, TE AGARRO LAS PIERNAS o NO SE TÚ, PERO QUIERO OTRA Vez… Muy lindo Alma Delia.

  3. Juan Carlos Flores

    Qué buen texto. Personajes como este señor y su capacidad para describir de manera tan poética y simple algo tan complejo como el amor entrando además en temas carnales son irrepetibles. Muchas gracias por seguir escribiendo. Te confieso que estoy con muchas ganas de suscribirme a tu patreon pero la maldita inestabilidad del momento económico que vivo (o vivimos) no me lo ha permitido, pero apenas pase la tormenta con total seguridad ahí estaremos. Saludos.

  4. Hola, Alma.

    Qué padre texto.

    Como melómano y aprendiz de músico, me fijo también cómo Armando Manzanero juega con el ritmo. Empieza con una declaración, maestozo, la desarolla de corridito, presto, y la deja colgando, ahí, tensa, en una séptima evidente, para concluir suave y dulce. Así, como baile barroco de Ginger y Fred.

  5. Raquel Hernández

    Excelente artículo, quien no se ha enamorado con sus canciones.- el amor infinito, el que todo lo puede, el que trabaja las 24 horas, que se goza y algunas veces duele.- Maestro Manzanero vivirá por siempre en nuestros corazones.

  6. Rosa Alicia Esténs

    Hemoso texto Alma Delia.Me encantó tu descubrimiento del «erotismo soft»Muy perspicaz de tu parte. Disfruto mucho leerte.Gracias or escribir.
    Rosa Alicia Esténs

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