Historia continuada de un pase de abordar

Crédito imagen: Alberto Alcocer @beco.mx

Despertaste a las 4:45 de la mañana. Dejaste que el agua fría, acribillándote desde la regadera, te convenciera de que había empezado el día. A esa hora infame donde se percibe apenas el olor a humanidad a punto de levantarse.

Escogiste los jeans de siempre, los cómodos, los que van bien para treparse a un taxi, a un avión, para arrastrar las maletas, para caminar serpenteantes pasillos de aeropuerto.

Te recargaste en la ventanilla de tu asiento número 10-A con el libro de entonces “Una autobiografía soterrada” de Sergio Pitol. No tomaste el desayuno, sólo café.

Leíste hasta llegar a la última página, subrayaste líneas, doblaste las esquinas de las hojas, te repetiste frases en silencio: “Somos todo el pasado —vuelvo a Borges—, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros”

¿A dónde ibas ese septiembre de 2011? El pedacito mutilado del ticket de embarque dice New York, JFK.

Ah, era entonces. Eras la tú de entonces. Ibas a visitar a tu hermano, a morirte de risa, a devorar comida árabe en los puestos callejeros, a correr en Central Park, a estar allá, con él. Una morena más en tierra de güeros. ¿Dónde están los güeros?, pensaste, y se lo dijiste a tu hermano. Él sonrió, “you tell me, morenita

Sincronía, le llamamos algunos. Coincidencia, otros. Pendejadas, diría mi abuela. Justo hoy buscaste ese libro que no mirabas hace cinco años. El trocito de ticket con la información del viaje y ese ridículo “Murillo/ Alma Miss” salió de entre las hojas. Precisamente hoy que estás haciendo la maleta para viajar nuevamente a Nueva York.  Welcome, Miss Murilo, volverán a decir en la ventanilla de migración. Y volverás a pensar que a quién quieren engañar, que güelcom sus pelotas. Y te volverán a dar ganas de corregir al oficial y decirle que se pronuncia Murillo, no Murilo, y que by the way, se dice tortilla y no tortila.

Y Nueva York te parecerá fascinante otra vez pero un poquito más triste porque en cinco años las maletas entrañan inconmensurables pérdidas pero también ganancias.

Nueva York es menos bonita ahora que tu hermano no está ahí. Ahora que Mr. Murilo y su esposa viven en México. Una güera en tierra de morenos. Rifada la gringa, ahora criando a dos hijos mexicanos que comen y pronuncian tortilla. Me apellido Murillo Himes, dice el pequeño Isaí de cuatro años con voz prístina.

Cinco años después, con esos dos hermosos niños nacidos en la imponderable ciudad de México, Mr. Murilo está aquí nomás, a dos kilómetros de distancia. Desde ese ángulo te parece que Avenida Chapultepec es infinitamente más bonita y entrañable que Nueva York.

Tendrás que despertar mañana, septiembre de 2016, a esa hora en la que somos legiones de cucarachas Samsa tratando de convertirnos en humanos.

Elegirás jeans, sin duda. Arrastrarás la maleta, abrazarás un libro nuevo: “Botas de lluvia suecas” de Henning Mankell. Eres otra. El libro que te acompaña ahora es un símbolo de tu transformación, la resume de tal manera que no podría ser más preciso, pero sólo tú lo entiendes. Lo agradeces infinitamente. El libro y cómo llegó a ti.

Te preguntas si dentro de cinco años, así, por casualidad, de sus páginas caerá el pedacito de pase de abordar entre tus manos. ¿Quién serás dentro de cinco años? ¿A qué lugar estarás viajando?

Y piensas que todos somos migrantes. Aunque siempre permanezcamos en el mismo país.

Es septiembre de 2020, no puedes viajar. Podrías, pero no has querido. Tienes miedo del aeropuerto, de las horas en el avión, de que el cubrebocas sea sólo un cubremiedos. El mundo está en pandemia.

Pero sí estás viajando, dentro de ti se configuró de nuevo el pase de abordar, eres otra subiéndote a un próximo destino de ti misma. Ahora toda tu ropa es cómoda, no estás dispuesta a dejarte la piel en la incomodidad. Algo en tu hipotálamo y tu tálamo y tu amígdala te empujó a subirte a un nuevo vuelo con destino incierto. Pagaste el boleto de una decisión y has vuelto a subirte al avión con el pasaporte más legítimo de todos: el de la conciencia.

Sabes que tendrás náuseas sin importar si viajas en ventanilla o pasillo, que no querrás desayunar, sólo café. Que no entenderás la mitad de las palabras, que el idioma nuevo está todavía configurándose.

Quién pudiera migrar convertida en ave y no a bordo de un avión.

Quién pudiera ser un pájaro de alas grandes.

Viaje sin reservación, viaje hoy. Pague hoy y durante cada día de su vida el viaje de sus decisiones. Con vistas al mar y sin ellas, arribe a la habitación de usted misma.

Imaginas la publicidad del yo. Ah, y lleve un libro consigo, siempre lleve un libro.

Ave Fénix, aquí vamos otra vez. Arde.


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13 respuesta a “Historia continuada de un pase de abordar”

  1. Solo tú me entenderás la manía de guardar viajes en los libros, no el pase de abordar ni el menú del room service como separadores, sino releer a Kundera por ejemplo y recordar los tanques de Praga con un daiquirí en la mano y la arena de Huatulco en la planta de los pies porque ahí fue donde lo estaba leyendo, o una memoria de mis putas tristesy de Gabo que empecé a leer antes de abordar en Chihuahua y no me rindió para todo el vuelo, lo terminé en el mismo avión.
    Gracias por tus escritos y todo lo que provocas.

    1. Jesús,
      Cada vez que acomodo mis libros (y llevo muchas mudanzas) se me aparece el relato de mi vida en décadas de vuelos, abordajes, salas de espera y momentos amorosos y dolorosos. Es increíble dar con esa narración en los pases de abordar. Claro que te entiendo. Un abrazo y gracias por leer.

  2. Lamentablemente seguiran las migraciones ojala solo fueran en nuestra mente…el sistema de poder actual es lo que quiere..que nos movamos que vayamos y seamos productivos en otras tierras…
    Y ya no es raro que encontremos blancos u negros donde los habia..todos hemos sido desplazados por los eventos actuales..y si Dan nsuseas y se quita el hambre..
    Pocas veces los jeans nos quedaran comodos.

  3. Hola Alma Delia, soy una admiradora tuya, benditas redes sociales que nos permiten descubrir escritoras tan buenas como tú. Prometo comprar algunos de tus libros en la primera oportunidad. Te mandona abrazo,, si.me contestas me harás el día!!!

  4. Viajar,leer,volar y migrantes
    Me atrapo en esencia tu narrativa,fluida cómo río diáfano,la experiencia sublime y multidimensional del viajar,ver y usar tus sentidos en forma multidimensional y verlo de otra manera,al viajar es todo nuevo,divagan interdimensionalmente tiempo,personas y lugares y sus combinaciones infinitas.
    El vislumbre del viaje al interior,el viaje más maravilloso del ser, ¿seremos capaces de vernos cómo sujeto y objeto en la simultaneidad ?,cruzar e ingresar en las fronteras de los hemisferios cerebrales y llevarlos a la sinergia y sincronicidad,ideas que me estimulan intensamente.
    Todos somos terrícolas ,los demás son inventos del hombre,y con esa verdad diáfana,luego entonces nadie es migrante,el tema de la migración interna y externa,de la literatura a la reflexión de lo real a lo surrealista,tu escrito abrió vetas áureas diversas y enriquecedores en mis ser holístico.
    Esa es la magia de la escritora,en este caso,me fascino amiga,gracias y abrazos de luz.

  5. Muy rico!
    Los recuerdos son viajes a esas terrazas que se asoman a nuestro yo, de hace años, de hace tantas relaciones.
    Así como dice Jesús Orduña más arriba. Te acuerdas de lo que hacías cuando lo que leías, y, en mi caso, cuando lo escuchabas.
    Lo dispara una melodía. La obsesión con Satie y cuando una María de verbos carnosos te regaló el cassette y lo escuchaste por primera vez. Extrapolación. Viaje astral a lo que eras y lo que sentías.
    Cuánta sorpresa y agradecimiento cuando encuentras trozos de ti mismo, escritos, reflexiones que vas dejando entre libros.

    Ha de ser una bendición, Alma, ser tú y releerte a ti misma.

    Muchas felicidades!

  6. Feliz viaje
    Viaje feliz
    A veces los viajes físicos se suman a los mentales. Y viceversa.
    Los malviajes, otra especie viva, puede añadirse a estos dos, haciendo triple la expedición, como en este 2020.
    En junio escribí : aún nos queda un 20,
    a quien ya amarás ?
    Ahora solo 10. Suficiente. No, excelente !
    Como tus textos.
    Desayuno tus textos
    con café.
    Abrazo.

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