Septiembre y sus aniversarios


Crédito imagen : Alberto Alcocer @beco.mx

Puestos a trabajar juntos, el tiempo y la psique son capaces de elaborar el más elevado de los misterios y esconderlo del mismo cerebro que ayudó a crearlo.

Siempre me ha perturbado pensar que así como el ojo no se ve a sí mismo, el cerebro no se piensa; que estamos a merced de un ocultamiento constante de nuestra propia identidad, deseos, pulsiones, lealtades inconscientes. Hay un río oscuro que corre por dentro de cada una de nosotras. De cada uno de ustedes.

Cito un fragmento de la escritora Fabiana Daversa donde habla de un fenómeno tan fascinante como doloroso, el Síndrome de aniversario: “La ciencia está desentrañando el por qué las emociones y afirma que no hay melancolía sin razón. Uno de los motivos principales por el cuál nos sentimos abatidos es debido al síndrome de aniversario. 

Según la Psicogenética, el inconsciente no sólo tiene mecanismos de ocultamiento de el trauma que nos han afectado, sino un calendario propio que hace que lo recordemos periódicamente. Puede que olvidemos la fecha de fallecimiento de un ser querido, la pérdida de un matrimonio o de una batalla familiar, pero para esa época del año lo más probable es que estemos tristes”

Jean Piaget elaboró sobre la teoría psicogenética que, efectivamente, relaciona la mente con el origen de cada individuo. Somos nuestro pasado y el pasado de los que nos anteceden, hay una profunda huella mental y emocional que deja nuestra historia y la de nuestros antepasados en nosotros.

Y he pensado en todo esto porque escribo un 18 de septiembre sintiendo un bloque pesado y negro en el pecho. Mañana será diecinueve. Ese inexplicable 19 de septiembre que habita la memoria de un sismo en 1985 cuando yo tenía siete años, o el 19 de septiembre de 1998 cuando me atropelló un trolebús, o el 19 de septiembre de 2017 cuando vivimos ese sismo demoledor. Otra vez.

Ya sé que soy afortunada, que sobreviví a los tres eventos, que no perdí mi casa, que me suturaron la cabeza luego del accidente y sigue funcionando (más o menos). Que sin llorar. Pero no deja de ser algo que sofoca, que entristece.

Nunca me gustó septiembre, nunca me gustó aquella cancioncita de la SEP que anunciaba que el dos de septiembre comenzaría la escuela. Pero aquel 7 de septiembre de 2017 cuando el terremoto de 8.2 derrumbó Juchitán; algo tronó en mi psique y ahora tengo fobia a los septiembres. Ya sé que todos lo vivimos pero es que muchos son valientes y una nomás es neurótica, nerviosa y miedosa; y las sincronías que no ayudan.

Es septiembre, 2020. Hoy leí sobre la condena de la directora de la escuela Enrique Rébsamen y el bloque negro en el pecho se hizo más pesado. Es difícil encontrar una emoción precisa, jamás podría alegrarme de lo que está pasando; sí, es positivo que se haga justicia, pero no veo razones para estar contenta por el epílogo de una tragedia de ese tamaño. Apenas imagino el dolor los padres de las niñas y niños que murieron, hoy tampoco se ven alegres esos padres y madres, pero se atisba para ellos un descanso. Se merecen ese descanso porque el dolor agota.

Síndrome de aniversario. Eso y una infame pandemia. Hay días que sólo queda hacerle espacio a la tristeza. Pero también un lugar a la gratitud que nunca cansa, así que lo repito:

Es diecinueve de septiembre del año 2020 y quiero reconocer –tiemblo al escribirlo– a todas las madres coraje, a todos los mexicanos honorables que se pusieron de pie y metieron el alma y el cuerpo para rescatar a alguien. Porque ahí hay un mensaje, uno sólo, que quisiera fundir a fuego en estos tiempos de confusión posmoderna y desencanto mexicano: nada importa más que el valor de una vida humana. Nada. Les dejo mi cariño a los que perdieron a alguien en los terremotos, y que no falte un abrazo en su 19 de septiembre.


¿Te gustó el contenido?

Alma Delia sostiene este portal de forma independiente, ayúdala a conservar el espacio mediante nuestro sistema de patrocinios (patreon). Haz clic aquí para ver cómo funciona. ¡Muchas gracias!

10 respuesta a “Septiembre y sus aniversarios”

  1. A mi toco el temblor en el campo trabajando fuera de mi pueblo,,,
    algunos de los compañeros se marearon y otros se asustaron..pues por un momento el tiempo se detubo..
    Rompio el silencio una parvada de pajaros que se estacionaron en las ramas de un mezquite
    despues se vino una brisa suave de esas brisas que dan nostalgia y que añoras estar de regreso en casa y mas cuando en el radio que teniamos comenzaron a narrar lo que ocurria,
    ,despues el silencio se hizo eterno,,nadie hablaba todos atentos a empacar los jitomates que lamentablemente por la tarde nos avisaron que se cancelaba el viaje,,ya que iban a la central de abastos en mexico,,pronto mi papa se comunico con el patron y se pudieron mandar a Monterrey,,
    Despues si nos afecto el terremoto ,,,
    llegaron muchas familias al pueblo que provenian del Distrito Federal,
    ,y bueno no todo fue bien,,pero eso ya es otra historia,,,
    ahhhh,,tambien se empezaron a llenar las tiendas de productos que habian sido donados para los damnificados..ahi si me encabrone

    1. José, me dejaste intrigadísima, ¿en qué pueblo estabas?
      Qué jodido eso que dices de que los productos donados estaban a la venta en el súper, pasó algo similar en el sismo de 2017; aquí yo me organicé con un montón de gente para mandar dos camiones con 40 toneladas de ayuda a Chiapas y a Oaxaca y luego supimos que los respectivos gobiernos de los estados confiscaron los apoyos en especie, los etiquetaron como «ayuda del gobierno del estado» y las entregaron como si fueran suyas, hijos de la chingada ;(

  2. Hay meses aciagos para muchos de nosotros por la reiteración en los mismos de hechos dolorosos. El mío es noviembre.
    A veces pienso que por algo, desde pequeña, ese mes nunca me gustó.
    Siempre tus escritos son interesantes y se leen con placer.
    Un brazo grande.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *