Tiranía

Decir no. No voy. No quiero. No puedo. No tengo ganas. No dar explicaciones.

Imagen: Alberto Alcocer @beco.mx

Qué ganas tengo, a veces, de gritarles a todos que me dejen en paz.

De apagar el teléfono, de desconectar el timbre, de decir no a cada invitación para fiestas y reuniones y más reuniones y más reuniones. Predecibles casi todas, frívolas, cumplidoras, asfixiantes.

Qué ganas tengo, a veces, de pedirle perdón a mi bestia, a mi ser natural que llevo a rastras colgado de mi ser social a lugares donde no quiere estar. Donde yo tampoco quiero estar, pero hay que estar. ¿Para qué?

Qué ganas tengo de pedirle perdón a ese animal que me habita y al que obligo a salir a la calle humillándolo y cortándole la melena, las uñas; obligándolo a comprar regalos, a decir por favor y gracias, a ensordecer para sí mismo porque hay que escuchar el ruido de los otros, obligándolo a aceptar invitaciones a desayunos vacíos con amigos vacíos que no quieren verte sino cumplir su cuota del propósito de año nuevo “ver más a mis amigos”.

Qué tristeza siento cuando veo a mi bestia convertida en esto. Zapatos impecables, dientes cepillados, bien peinada, sonrisa puesta para acompañar a quien frente a ti no levanta la mirada de su teléfono y eso que te extrañaba y moría por verte.

Hemos inventado un horario laboral para atender a los demás. Todo para los demás, pero sin profundidad.

Es que mi animal come silencio. Y es tan escaso, tan difícil de conseguir. Se le está cayendo el pelo y se está poniendo flaco, con la mirada opaca. Me rompe el corazón.

Bestia drenada. Tierra quemada. Raíz reseca.

Necesito soledad. Y silencio. Dejar al mundo en paz, dejar de opinar, dejar de sentir que la entelequia de las redes sociales necesita mi opinión, mi respuesta, mi like, mi juicio burdo e inmediato.

Que me dejen en paz. Necesito escribir desde ahí, donde no cabe la compañía, hacer el viaje secreto a ese lugar donde solo se puede ir sola.

Vivir para los demás es un trabajo agotador y mal pagado.

Tengo que parar, me digo.

Un movimiento lento, una garra que se estira, un felino que se despereza. Un rumor que nace, un rugido implacable que quiere decir no.

Decir no. No voy. No quiero. No puedo. No tengo ganas. No dar explicaciones. No opinar compulsivamente.

Recuperar el derecho al silencio, al secreto, a la soledad. Acaso sea el único cabal propósito para este año.

Decir no para recuperar el sí que estoy perdiendo.

40 respuesta a “Tiranía”

    1. Apreciable compañera de esta vida, con cuánto respeto quisiera opinar que, creo que tu interior te grita «mírame a solas, conóceme» Sí, excelente pero, como es adentro es afuera y como es afuera es adentro. Cualquier experiencias filantrópicas esmás productiva y a tu favor que cualquier tentación misántropa

  1. Querida Alma Mala (suena a título de libro de José Agustín).

    Hay un chiste de ingenieros, por tener fama de trabajadores:
    – ¿Por qué los ingenieros tenemos amantes?
    – Porque cuando la esposa piensa que uno está con la amante, la amante piensa que uno está con la esposa. Y así, uno puede trabajar sin interrupciones.

    Las charlas sobre el clima y política, el último partido de futbol, el último coche, … podría trasladar el texto de las pláticas de hace 15 años, y serían vigentes. Mis hermanas tienen tantos eventos en un fin de semana como yo en un año.

    La misantropía es un lujo, y tiene mala fama. Es un requisito de algunos para producir, y un camino para lograr ese estado mínimo de dignidad.

    Gracias por compartirnos.
    Abrazo

  2. ¡Ay…! Para conseguir eso que tanto te gustaría hay que crearse desde muy joven fama de bicho raro. Te aceptan como tal, y cuando dices no lo único que dicen es: cosas de fulanita.
    Un abrazo bien grande.

    Ah: y nunca es tarde para empezar.

  3. La sociedad de rendimiento nos obliga a ir hacia fuera, con los otros, a no parar y siempre decir sí. Ya estuvo bueno.
    Nada más retador, y liberador, que darle rienda suelta a la mente con el afán, paradójico, de callarla. Lograrlo está al alcance de todos, hace falta un empujón. El que yo conozco, y aquí te comparto, se llama meditación vipassana. Tal vez sea un camino para darte el respiro que andas buscando.

    Gracias por tu autenticidad.

    1. Siiii… yo también me lo propuse este año.. ya luego te cuento.. en este mundo individualista, protagónico y opinólogo.. decir no es una osadía!!! Feliz año!!! Un gran abrazo!!!!

  4. Querida Alma, empece a leer tu texto e inmediatamente me di cuenta de que tenía que leerlo con calma, sin las prisas que nos aquejan día a día. Yo como tantos otros que te leemos estamos seguros que nos hace falta hacer lo que tú bien expresas, como siempre, inmaculadamente.

  5. No estoy de acuerdo con la misantropía… no se trata de “odiar” al ser humano que tengo enfrente, sino de amar al ser humano que soy, que a veces necesita estar con el otro, y a veces consigo mismo. Que es lo qué haces cuando nos compartes tus escritos: entrando en tu palacio interior, escoges la parte del tesoro que luego compartes, incluso con quienes no te conocemos en persona. Gracias por compartir-te-nos.

  6. ¡¡Qué ganas, qué ganas, qué ganas!! Mi pobre bestia interior, de tanto ignorarla, está seca y sin fuerzas para continuar. Tomaré tu ejemplo a ver si la reanimo y empiezo a vivir. Gracias mil por existir ❤️.

  7. Desde hace un tiempo hemos decidido seleccionar los eventos sociales cuidadosamente, la privacidad y el tiempo solos es un tesoro en estos días de locura y bien vale la pena defenderlo con uñas y dientes

  8. Si hubiera leído este texto hace seis meses me sentiría identificada; así me sentí durante años, hace tres meses salí de la CDMX, intentando alejarme de los compromisos vanales, de los deberías. Hoy estoy alejada de todo eso y me encontré con mi propio vacío, hasta hoy lo pude decir, hoy no tengo más que mi propio vacío. Mi bestia interior se ha debilitado, y no sé cómo revivirla.

  9. Fabuloso texto. Hace tiempo lei que necesitábamos desmitificar el «no» como algo maldito, demoniaco y satánico. El decir no, nos da (a dos) la oportunidad de ser libres en cualquier situación que tengamos. aprender a decir no quiero, no voy, no, sin explicación es salud mental y enseñarlo a los niños es prevención de cualquier tipo de abuso. Bonito día Alma.

  10. Me gusta tu texto, Alma Delia.
    Yo soy una persona muy solitaria y al leerte aprendí que la vida social que describes -inalcanzable para mi- tiene precio.
    El precio es sacrificarse en el afan de encajar, derramar descuidadamente la disidencia, vulgarizarse.
    Pero el lenguaje es un elemento vivo que cambia constantemente. Hay que ir a encontrarlo, entre quienes «piensan», allí donde tal vez, puedes encontrarte a alguien como tú.

  11. Un saludable no, o a la mexicana «ahorita no» ¡Qué liberador! Con el gran reto de no sentirse culpable por negatividad. Abrazo estimada Alma Delia.

  12. ¡Parece escrito para mí y mi bestia!
    Para eso son los escritores de a de veras: para escribir lo que uno no atina cómo decir.
    El ying-yang gira entre la filantropía y la misantropía.
    ¡Me encantó lo de tu bestia!
    BESITOS.

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