4 respuesta a “Durmiendo con el enemigo”

    1. Yo misma reconozco que si este aislamiento lo hubiese vivido en mi niñez o adolescencia, ya estaría muerta. Salir de casa por cualquier motivo «válido» me dejó tomar oxígeno y seguir latiendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *