posmodernos y jodidos

Predictor

El olor de la sangre, ese recuerdo no se irá nunca. Metálico y salado, alcalino, amarillo. ¿Por qué la sangre huele a amarillo si es roja?

Antes de eso vienen a mi memoria los minutos asfixiantes. La espera sosteniendo la prueba de embarazo en la mano, las manchas que iban subiendo de intensidad en contraste con mi rostro que se había puesto pálido. Y luego dos óvalos coloreados nítidamente, el corazón taquicárdico.

Predictor decía que sí, que estaba embarazada. Predictor, haciendo gala de su nombre, vaticinaba mi futuro: tendría un hijo.

Me aterré, quizá no he vuelto a sentir tanto miedo como aquél instante proyectando mi vida amamantando a un bebé, cuidando a una cría que sentía, con cada una de mis células, que rechazaba.

Tenía 22 años y para mí estaba claro: no quería ser madre.

No iba a ser sencillo resolverlo, tuve que recurrir a un aborto clandestino con todos sus riesgos, las pastillas que me dieron en principio no funcionaron. Era 2001 y la píldora del día siguiente no existía y que se despenalizara la interrupción del embarazo se veía muy lejano.

La espera convirtió aquellos minutos asfixiantes de la prueba rápida en días enloquecedores. Nada pasaba luego de las pastillas.

Esperar un sangrado repentino, un cólico extraño, sentir culpa, buscar la compañía de mis amigas, temblar frente al médico que me confirmó el embarazo en una consulta con prueba de laboratorio, recibir su mirada cargada de juicio, estremecerme por la forma en la que dijo “mamacita” y luego agregó “yo no soy un asesino”, buscar otra clínica, otro consultorio, las amigas que conseguían datos, la culpa, las náuseas milenarias, el dolor en las tetas, la culpa otra vez; y esperar, esperar, esperar. Comprender que había que intentar un legrado.

Entonces vino la sangre espesa y en coágulos con su olor a amarillo, una hemorragia, suplemento ferroso, reposo obligado, la culpa también obligada y el alivio espontáneo.

No pude presentarme a tiempo a los exámenes finales en la UNAM, conseguí un certificado médico que decía que había estado muy enferma de las vías respiratorias.

Y no. Pero sí. Porque durante todo ese tiempo sentí que no podía respirar, que me hacía pequeñita bajo el sofocante futuro que Predictor presagiaba para mí: madre a los 22 que abandona la carrera universitaria pues trabaja como mula de carga día y noche para hacerse cargo de la cría, no cuenta con el padre.

Porque sabía que no contaría con el padre aunque estuvo presente durante el legrado. Él ya tenía una hija y parecía ser la desgracia de su vida financiera y emocional, desde luego, no podría con más.

Pero más allá de eso, de todo eso, yo sabía con la certeza nítida de la esencia que todos llevamos dentro lo que no era: no era una mujer que anhelara ser madre. No estaba en mí. No quería. Punto.

Me tomó veinte años poder articular la razón con esa claridad. No quiero. No está en mi deseo.

Decirlo así, me han hecho saber, me convierte en una bruja desalmada, porque aun teniendo razones como la falta de recursos económicos, la juventud y la pareja; la más importante, la única incuestionable en mi caso, fue que no quería.

Siempre me ha repelido esa expresión “salió embarazada”, como si por generación espontánea una mujer pudiera salir embarazada como ha salido un botón nuevo en la orquídea que tengo al sol frente a la ventana. Lo digo porque en todo caso salimos embarazados, y él me agradeció en el alma la decisión, pienso que le regalé a ese no padre de nuestro no hijo una buena tajada de libertad pero es innegable que el precio lo pagué yo. Sería tan bueno que los hombres que se han beneficiado con la decisión de un aborto lo contaran, lo aceptaran, a veces me parece alucinante que sigamos hablando de aborto con toda la carga sobre nosotras como si no supiéramos que esa concepción no deseada involucró a un hombre.

Que me iba a arrepentir, que me quedaría sola con mi amargura y tal vez un par de gatos, que mi vida perdería sentido, que no conocería nunca el amor verdadero, que en el futuro el cuerpo me lo cobraría con enfermedades como castigo divino.

Pero yo le di la vuelta a Predictor como quien sabe que puede girar la rueda de la fortuna y cambiarlo todo, nada deseo más en mi corazón que todas las mujeres puedan elegir y hacer girar esa rueda sin necesidad de arriesgarse a intervenciones clandestinas e insalubres.

Y quería contar esta historia porque las decisiones a favor de la libertad y los derechos reproductivos que ha tomado estos días la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tienen un alcance inconmensurable. Están cambiando tantas vidas, que me emociona imaginar futuros elegidos y no predicciones obligadas. Como yo con el aquel compañero, hoy la Corte cobra una tajada de libertad, pero —tenemos que decirlo— el precio mayor lo pagaron durante años las mujeres que han dado la batalla porque supieron desde siempre que la maternidad tiene que ser elegida y no un destino fatídico. Gracias a ellas, y sí, también a la SCJN.

Veinte años después no me arrepiento, no me siento sola ni perdida, no hay día que la alegría de vivir no me regale momentos entrañables, he escrito cinco libros y ayudado a criar a una veintena de sobrinos, esa es mi forma de maternaje. Estoy sana como la que más y el amor es lo mío.

Y me levanto cada mañana —llámenme ridícula— con la paz interior que me da haber sido honesta, porque elegí conforme a mi esencia y no conforme al deber ser; hace poco una amiga que también eligió no ser madre, decía que se siente orgullosa de no estar hoy jalándole el pelo con rencor y saña a su hija nonata al peinarla, nos reímos. Pero yo sé que no es menor mi pasión autoritaria, mi inagotable necesidad de soledad, mi yo que no tiene ganas de ser madre. Esto soy. Mi capital emocional no daba para la maternidad y mi deseo tampoco.

Que honro mi decisión con la misma dignidad que quienes honran la de ser madres.

Ah, y no tengo gatos. Tomen eso, Predictor y cofradía de los malos vaticinios.

La maternidad será elegida o no será.

*

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Alma Delia Murillo

Es escritora, autora de los libros Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) y El niño que fuimos bajo el sello de Alfaguara; Las noches habitadas (Editorial Planeta) y Damas de caza (Plaza y Valdés). Colabora en El Reforma, The Washington Post, El Malpensante, Confabulario de El Universal, Revista GQ y otros medios. Desarrolla guiones para cine y teleseries. Autora de las audioseries y podcasts en Amazon Audible: Diario la libro, Ciudad de abajo, Conversaciones, El amor es un bono navideño.

10 Comments

  1. Miriam Makeba

    Preguntas aquí: “¿Te gustó el artículo?” Celebro que me tutees, porque esa es la base del verdadero acuerdo democrático: la aplicación de la genuina paridad ciudadana al expresar verbalmente con esa conjugación singular, y en singular, la igualdad legal, social y biológica entre las personas. El respeto solo tiene sentido si es mutuo; de otro modo, solo representa y reproduce una asimetría de sumisión de un interlocutor al otro. Bien, eso te quedó bien. En cambio, el artículo no.

    En efecto, el artículo no me gustó, porque es ñoño y con prosa que pretende darle volumen igual que hace una generación los de KISS hacían con sus instrumentos para parecer macizos y, supongo, soslayar la cursilería intrínseca e irremediable de sus versos. En el proceso, banalizas la situación que pretendes examinar provechosamente con tu homilía secular para llevar. Probablemente tal pifia no es por falta de talento literario, pues tu historial muestra que es modesto, pero sin duda existente. Más bien, adolesces de una noción, bueno, adolescente, de cómo imbuir pathos ateniense a tus lecturas dramáticas de la realidad, empírica o ficticia con algún asidero en una anécdota verídica, como a menudo semejan ser tus construcciones supuestamente autobiográficas. En resumen, el problema estructural no está en lo que dices -que no es un hallazgo concluyente propio, sino de dominio público en el debate ciudadano a muchas voces y desde hace mucho, sobre el tema- sino en la penuria de la composición con que la reciclas para “renovar, pulir y dar esplendor” a esa posición sociopolítica de indudable coraje moral.

    Ahora bien, porque así administras tu propia personalidad cívica: puedo vaticinar que, para ti, una cosa es el elogio público de la práctica democrática en abstracto para reafirmar la propia musculatura moral acorazada, y otra es someterse al escrutinio de la crítica que no es obsecuente y del tipo “gracias por existir” y, por ende, esta observación legítima y razonada no tendrá cabida en tu muro de frontón metafísico con divisa de dorsoverde para protegerla de la inflación.

    • Miriam,
      Pues ni renovar ni pulir ni dar esplendor, yo sólo quería compartir mi historia desde el único punto de vista que puedo contarla: el mío; porque fue y es mi experiencia.
      Me interesa lo que dices sobre que con ello banalizo el tema, ¿mi testimonio alcanza a banalizar un fenómeno tan grande?
      Veo que tienes mucho que decir, si te interesa escribir al respecto (sobre el aborto, la decisión de la SCJN, tu experiencia propia al interrumpir un embarazo… no sobre lo que opinas de mí), te ofrezco este espacio para que publiques una columna completa, lo digo en serio y lo hago con gusto.
      P.d. Me encanta tu nick name en honor a la infinita Mamá África. Por cierto, si quisieras escribir y publicar aquí tu columna, tendrías que hacerlo con tu nombre real, no bajo seudónimo. Te mando un abrazo, igual celebro contigo y con todas el momento histórico y las decisiones recientes de la SCJN.

  2. Celia Estela Mojica Cervantes

    Querida Alma Delia, no creo equivocarme al afirmar que en este tema, la única verdad es la propia. No es de poca importancia elegir una posibilidad de futuro, y eso lo de «futuro» ya aterroriza. Abrazo la mesa puesta para estos temas en tu página Posmodernos y Jodidos, y también apoyo a toda mujer que opta en medio de su terror interno.

    • Celia querida, sin duda, es un tema personalísimo, individual; pero el ejercicio de la libertad de esa individualidad no tiene posibilidades en un sistema que lo condena. Lo de la SCJN fue importantísimo, pero seguimos con sólo 4 estados donde está despenalizada la interrupción del embarazo en todo el país… es decir, es personal pero en un contexto sistémico y ese contexto es el que necesitamos que permita la libertad individual. Abrazos

  3. Laura Domínguez N

    Gracias! A mí me encanta la forma de narrar, en primera persona, sí, y con todos los sentimientos bien expresados. Para mí no es banalisar, sin embargo es bien común el aborto. Es común la muerte por someterse a uno, es bien común ver a un hombre desaparecer en el proceso y/o para siempre. Contar nuestras experiencias es liberador. Yo siento cada palabra dicha, pero es que creo que a veces hace falta un poco de empatía para ello. Saludos

  4. Uf, qué valiente por compartir tu historia. Te agradezco. Sin duda, será de ayuda para cientos de mujeres y hombres. Yo decidí no abortar y ha sido la peor decisión de mi vida. Sufro cada día, me doy topes contra la pared. Me siento sumamente sola y aún se deben cargar con los señalamientos de los demás, sin conocer la historia.

    • Qué difícil lo que estás viviendo, R, conozco muchas mujeres que son madres y comparten tu sentimiento y que están solas enfrentando una batalla cada día. Deseo que el tiempo te acomode y que puedas encontrar apoyos, búscalos, debe ser muy duro pasar por eso sola. Te mando un abrazo enorme.

  5. Yo no voy a hacer un analisis literario del texto… no puedo…las lagrimas no me dejan…haz contado mi historia….hace 26 a#os…Guadalajara….y nunca habia considerado que efectivamente le di libertad e el…y efectivamente una carga siempre ese estigma…y quienes conocieron el terrible secreto y te dieron la espalda…

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