posmodernos y jodidos

Solteros de segunda mano

Esta edad rara es todo un fenómeno de la existencia.

Cuando te acercas a los cuarenta no eres ni muy viejo ni muy joven sino una cosa extraña, un vigía fronterizo entre el grupo de los rabiosamente inmaduros que a sus veintimuchos o treinta y pocos no conciben siquiera el quiebre que se avecina cuando bordeas las cuatro décadas (mátenme por la referencia), pero tampoco puedes decir que te identificas con la vejez en pleno. Pues no, cómo va a ser.

Lo verdaderamente jodido viene cuando eres arrojado al mercado de la soltería a semejante edad y tienes que especular con tu corazón cuyos niveles de colesterol y triglicéridos ya son de cuidado, cuando la cruda te dura tres días pues tu metabolismo ha perdido fiereza para procesar el alcohol y cuando te duele la espalda luego de usar tacones durante dos horas o simplemente por permanecer de pie en una barra donde la gente muy alivianada bebe sin extrañar una silla pero tú pides a gritos que brote un banco de la tierra en el que puedas sentarte.

Somos pues, los solteros de segunda mano, los de rebaja sobre rebaja, los que podríamos poner en nuestro anuncio “buen kilometraje pero motor en excelentes condiciones, dos únicos dueños”.  Porque lo cierto es que ya vivimos en pareja o estuvimos casados —algunos más de una vez—,  ya nos mudamos de casa con nuestra mitad patrimonial metida en cajas de cartón y nuestra mitad de tristeza devastadora bien arraigada en el cuerpo, con nuestro saldo de años a favor para recomenzar enredándose entre los pies mientras subimos las escaleras del nuevo departamento que por las mañanas parece espléndido y en las noches es pura desolación.

Ni qué decir de la colección de manías y creencias que ya llevamos encima: desde el tipo de alimentación —mil veces pinche posmodernidad y sus patologías asociadas a la longevidad— porque ya intentaste el veganismo o el vegetarianismo y estás de vuelta a la seductora carne roja o ya dejaste esa droga maligna llamada azúcar y sólo desayunas el milagroso jugo verde que es casi una parafilia entre los de nuestra edad; que si tienes o no deuda de hipoteca, que si tienes hijos del matrimonio anterior o que si aún quieres tenerlos, que si te volviste atleta de alto rendimiento, que si duermes en tu mitad de la cama o en posición transversal, que si has pensado en raparte la cabeza y mandar todo a la mierda para viajar a la India, que si te tiñes las canas o en un acto de resistencia contra los estereotipos permites que vayan colonizando tu cabellera… madre mía, me falta el aire.

Que si ya empezaste la revisión con el proctólogo, que si todavía estás ovulando, que si la familia te ha dejado en paz o aún insisten para que vuelvas con tu ex que era lo mejor de este mundo.

El enigma, la verdadera dificultad que encarna esta contradicción con patas, es tener edad de franco declive celular y anhelar el amor como adolescente. Somos el segmento Oxímoron del amor.

Porque eso es lo que sucede, que aún queremos enamorarnos y la memoria emocional encuentra un mecanismo misterioso para conseguir que la experiencia que antes sonaba a vendaval que te hizo jirones, ahora sólo sea el ruidito del ventilador moviéndose sobre tu cabeza.

Somos maduros —al menos anatómicamente—, somos adultos —al menos fiscalmente—, le hemos dado más de una vuelta al circuito amoroso completo y aún así queremos amar. Otra vez. Otra insensata vez.

Para colmo de la gracia del asunto (que no desgracia), debes entender que no puedes pararte con tus cuarenta frente a los cuarenta de otro y soltarle tu rollo de que sigues creyendo en el amor como animal insolente. Qué escándalo. No, eso no se puede. Así que ocurren los encuentros y tú pones cara de adulto contemporáneo macerado en experiencias y tiras tu discurso equilibrado que la vida te enseñó a punta de chingadazos y suenas de una civilidad y diplomacia existencial que no te la crees.

A veces pienso que ya que no podemos conocernos como lo hacen los perros, a mordidas, olisqueadas de trasero y gruñidos para saber desde el principio quiénes realmente somos, no vendría mal que los primeros encuentros con intenciones amorosas se dieran a oscuras o bailando, o de plano en silencio.

Cualquier cosa que aniquile la tarjeta de presentación racional que con los años acumula títulos y cargos cada vez más ostentosos pero que no son más que el blindaje “sofisticado” donde escondemos nuestro miedo.

Por suerte el amor es más listo que el hambre. Y que el miedo. Y que la fecha de nacimiento y la oxidación celular. Por eso insistimos y esperamos a que aparezca el roto para el descosido y el maltrecho para el malherido, cómo carambas no.

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Alma Delia Murillo

Es escritora, autora de los libros Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) y El niño que fuimos bajo el sello de Alfaguara; Las noches habitadas (Editorial Planeta) y Damas de caza (Plaza y Valdés). Colabora en El Reforma, The Washington Post, El Malpensante, Confabulario de El Universal, Revista GQ y otros medios. Desarrolla guiones para cine y teleseries. Autora de las audioseries y podcasts en Amazon Audible: Diario la libro, Ciudad de abajo, Conversaciones, El amor es un bono navideño.

43 Comments

  1. Luis Huitron

    Que buena narración , Alma Delia.
    Un abrazo.
    Eres muy joven , pero los que estamos entrando en la 6a. Década también sentimos una sensación similar.
    Creo que es parte del cambio by el crecimiento, así como la sensación y consciencia del camino recorrido y de que el tiempo se acorta.
    Un abrazo

  2. Admirada Alma Delia: a mis 51 años, aun me identifico con tu texto. Tengo una hija adulta y otra a punto de serlo, un ex marido, un par de ex novios (Post divorcio) y muchas ganas de volverme a enamorar. En serio me encanta leerte!!

  3. Yo como María dice a unas semanas de los 50 y plenamente identificada con tu texto. El declive ya no es solo celular… es la piel, los párpados… todo! Pero el corazón esta listo, con escudo y casco, pero ahi… afuera, vulnerable.
    Me gustó mucho tu texto! Felicidades y buscaré los títulos en Alfaguara

  4. Gaby Najera

    Me gusta el contenido de tu portal,me llegó por casualidad, y desde que empecé a Leer quise estar en desacuerdo con tus reflecciones de mujer divorciada desilucionada.(Así te califiqué al principio) pero mientras continuaba lellendo me enganché en la narration. Cuando finalicé la lecture me quedó una inquietud
    de saber mas de ti y de continuar lellendo tus articulos. Me agradas.

  5. Argentina santiago

    Has pensado que es una edad donde podemos explorar los que solo nos comimos a uno ahora puede ser otro jugoso paquete .
    Otras aventuras , que la soltería también nos da ahorro en dinero y mucho dinero que disfrutar comprándonos y arreglando la casa como nos parezca sin ese marido viendo el fut , a quien darles de comer .
    O mejor aún amando a los animales y explorando la espiritualidad. Así también. Somos

  6. No sé como llegué aquí, pero parece que este texto me lo escribiste a mi. Desgarrador.

  7. Y hay gente que está cerca de los 40’s y no va ni por la primera vuelta

  8. Hola!!! No encontré la liga para el patreon!!! Gran texto, justo me agarraste a las 34 años con un divorcio!!!! totalmente identificado, por favor mándame la liga para apoyarte!!!

  9. Ni qué decir cuando te acercas a la quinta década, creo que es peor. No eres ni de aquí, ni de allá.

  10. Samuel Ramírez

    Y a pesar de todo, siento que el mejor “amor de mi vida” lo tuve a mis 53 años, ja. Y lo disfruté MUCHO. Ahora solo soy “Patrimonio de la Humanidad”, ja ja ja.

  11. Querida Alma Delia, a mis 55 años me identifico en tu narración. Después de mi divorcio, aún creo en el amor.

  12. Claudia Martínez

    Wooow me identifique demasiado….. Como ser lo que realmente no sabes si eres o no…. Yo apenas a mis 36… Una especie de adulta….retomando manías de adolescente pero también jugando a ser independiente….. Una cosa rara somos, como dices 👏👏👏👏 felicidades!!!!

  13. Velinda Duque

    Belleza de artículo, nos describes a la perfección a ese target que seguimos en esa búsqueda rara pero insistente a pesar de los «madrazos».
    Saludos y gracias x alegrar mi mañana con esta lectura

  14. Uno de los grandes placeres es dormir en diagonal sin que nada te estorbe.
    Besos, querida Alma.

  15. Kathia Perez

    Que buena redacción, aun pienso que una segunda oportunidad es imposible,…tantos miedos, tantas dudas, tantos deseos de no volver a sufrir; pero si no es así entonces no se vive! Aun tengo la ilusión de encontrar a mi amor bonito.

  16. María Regina

    Wow es que no pudieron decirlo mejor, me siento identificada al 100, me encantó descubrirte, hoy soy tu fan! Gracias por compartir contenido tan bueno y tan real!! Un abrazo

  17. Que cabrona estas mujer.

    Disculpe la impertinencia.

    No tengo el placer de conocerla,
    .
    Saludos

  18. Pues yo soy excepción, entonces. Tengo casi 50, nunca me he casado. He vivido sola por más de 10 años. No tengo hijos y a los 47 encontré a mi pareja, después de varias relaciones fallidas. No me veo de mi edad; de hecho pinto muy pocas canas. Cierto, no soy una jovencita, pero todo el tiempo he creído en el amor. Yo no entro en la clasificación de soltera de segunda mano.

  19. Me encanta como escribes, nunca te había leído, y por momentos no sabía si eras mujer o eras hombre, creo que a esta edad algunos somos hasta quimeras jajajajaaa saludos!!

  20. Estoy por llegar a los 40 con dos divorcios y un hijo adolescente con discapacidad, aún así el sueño de enamorarme y de continuar con mi vida es más fuerte y optimista que a mis veinte. Siento un deseo de encontrar un amor que se quedé y que comparta conmigo estas cosas que enlistas en tu texto, lo que es envejecer.

  21. Leticia Arteaga

    Alma Delia:
    Me encantó tu texto (me identifiqué) y en general todo tu artículo. Buscaré tus libros para seguir leyéndote.

  22. Querida Alma, recién cumplidos 28 años y el miedo a no ser amada de regreso ya es una carga que llevo en mis hombros. Sin extrañeza te digo que tu texto hace que la carga sea menos, si pasados los años me encuentro siendo una soltera de segunda mano, asumiré mi papel a mucha honra, porque la esperanza muere al último.

  23. Amé tu texto, cada línea era una descripción fiel de lo que siento.
    Desee hoy tienes una seguidora.

  24. Muy bueno, aunque decir «cómo carambas no.» es de la época de en familia con chabelo. 😀

  25. Nunca me he casado y tampoco tengo hijos, o he tenido una pareja por mucho tiempo y ya voy por los 50, pero ciertamente me identifique con el texto, lo de la cantidad de creencias y manías que cargamos encima siempre lo pienso, a esta edad no sé si de verdad soportaría compartir con alguien (mi cama, mi espacio, o el decidir si hago o no algo)y al mismo tiempo no pierdo la esperanza je.

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