Los ojos de la tristeza

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“No estés triste, mamá” solía decirle a mi madre cuando era niña y la veía llorando. Y, ahora lo sé, con mis intentos por animarla, sólo la hacía ir más hondo en sus dolores. Mi madre. Sus furias. Sus rabias. Sus desencantos. Sus enamoramientos. Sus tristezas.

Ella.

No estés triste, mamá. Y entonces ella me miraba, sonreía rota, sonreía a medias. Se levantaba en pedazos, a punto de desmoronarse. Pero se levantaba, se limpiaba los mocos y las lágrimas. En silencio y diligente preparaba un atole de avena. Para mí la tristeza huele a leche, a azúcar mascabado, a avena. Y así superábamos el rato amargo: barriga llena, llanto apaciguado, no sé si el corazón contento.

Tuve que hacerme adulta para comprender que la tristeza me ha regalado algunas de las escenas más bellas de mi vida. ¿Cuánta tristeza hay debajo de la punta del iceberg que es la cara sonriente y frenética de la humanidad? ¿Cuánta tristeza reprimida yace bajo siete mil millones de corazones humanos galopando en el mundo? ¿Por qué la evitamos?

Evitar. Evadir. Mutilar. Cercenar. Asesinar a la tristeza. ¿Por qué?

Si hasta hay cierta magia en ella. Cierta alquimia. Yo creo que tiene un poder transformador pero hay que dejarla salir. Incluso dejarse desaparecer para que ella aparezca. Sin argumentos estériles, sin discursos de resistencia exitosa y optimista. Esos de los que tanto reniego.

Dejar que la tristeza nos haga jirones. Dejar que muerda. Dejar que el dolor nos devuelva a la conciencia de nuestra dimensión exacta: somos ínfimos.

Cuando apareció la aplicación en las cámaras digitales que detecta sonrisas para disparar la foto casi lloro. ¿Y desde cuándo sólo los rostros felices son habitados por la belleza? Si la vida trae algunas dosis de dolor tal vez querrá decir que algo hicimos bien, que nos mantuvimos en movimiento, que tuvimos el sí y también el no. Que no nos paralizamos transitando por esta cosa inmensa e insospechada que se llama vida.

Me resistí a mi propia tristeza durante años y con ello gané una crisis de ansiedad brutal. Horrenda. Porque la ansiedad es la cara horrible de la tristeza, creo.

Llorar es liberador. Romperse es liberador. Decir estoy triste. Hacerle un lugar al alma para que hable con nosotros. Y no hay almas monotemáticas. La psique no puede ser sólo feliz. A los años también se van sumando las pérdidas. Y hay días en que se amotinan, se sublevan, se presentan todas juntas a golpe de recuerdos malogrados.

Perder a los mejores amigos de la infancia. Perder amigos también cuando somos adultos. Perder esos ojos en los que nos mirábamos, en los que nos reconocíamos. Perder ese cuerpo y su abrazo en aquella cama. Perder aquél libro que nunca más y aquél sombrero que tampoco. Perder a ese hombre que te juraba amor eterno y que luego desapareció desdibujándose en mensajes de texto en la pantalla del teléfono sin pulsar nunca la tecla de llamar, sin andar los pasos necesarios hasta la puerta de tu casa. Para luego perderlo todo, todo, todo en la nebulosa espesa de la memoria, esa gran mentirosa. Esa gran genocida.

Se necesita montar a un pegaso que haya nacido, sí, de la sangre que salió a borbotones cuando decapitamos alguno de aquellos paraísos. Y hacer un recorrido heroico para asumir las pérdidas en su verdadero alcance: son para siempre. Son la muerte. Son varias muertes. Arrasan irremediablemente con un pedazo de los muchos pedazos que somos.

Que lo que no te mata te hace más fuerte.  Dicen. No quiero esa fortaleza, digo yo. Lo que no te mata es porque no te dejaste matar. Y te perdiste la oportunidad de renacer.

No estés triste, dije. No llores, dice el mundo. ¿Cuándo alguien ha dicho “no estés feliz”?

A los posmodernos se nos complica el llanto y se nos complica la tristeza. Será que la televisión fue nodriza de generaciones enteras. Será que somos amigos del ansiolítico y el antidepresivo en sus formatos varios. Será que la anestesia de la productividad y que únete a los optimistas. Será que sólo por hoy. Será que contar chistes es nuestro mecanismo de sobrevivencia más ensayado. Será.

Reivindico a la tristeza. Le quito el estigma de enfermedad, de pecado, de derrotismo, de políticamente incorrecta. Y aclaro que, como dijo Pessoa: yo no soy pesimista, soy triste. Que no es lo mismo ni es igual.

La tristeza en prosa o en poesía o hasta en silencio, es buena. La tristeza no es una enfermedad. Es un estado del alma que nos habita cada tanto.

Un réquiem por todo lo que perdí. Por todos esos rostros que ya no miro. Por todos los que no me son. Hoy estoy triste. Pero tengo la lluvia.

Hoy estoy triste por todo lo que ya no tengo pero tengo estas palabras. Y también tengo mi tristeza.


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27 respuesta a “Los ojos de la tristeza”

    1. Hay veces que la vida no te da tiempo de estar triste u simplemete la sociedad te ha mostrado que aparentar es mejor..No hay mucho tiempo para la chilladera , no hay tiempo para el drama ,, especialmente cuando hay gente que depende de tus sonrisas (disfrazadas de fracasos)

  1. De las pocas cosas que realmente nos unen como seres humabos son las pérdidas. Atravesar el dolor de la ausencia y dejar que cimbre la tierra con toda su tristeza es vital para que el Sol verdaderamente alumbre, para que la vida realmente sea vida.

  2. Yo hace dias estoy triste, ya me canse de vivir, ya no quiero vivir, que hago, como le hago, suicidio, no, eso lo aborrezco, entonces, ojalá hubiera una llave donde la cierras y ya, se acabó pero no la hay, entonces seguir con esto? Qué difícil

    1. Pablo,
      Me atrevo a sugerirte que buscas ayuda profesional, una terapia para indagar en tu alma. No es lo mismo una liberadora tristeza que una depresión que quizá esté pidiendo otro tipo de atención. Te mando un abrazo muy grande.

  3. El texto es impecable. Hay cosas con las que concuerdo totalmente: a la tristeza no se le niega ni se le hunde, debe abrazarse. Y es cierto: no sólo se puede ser feliz y esta sociedad sí da todo para poder pretender que así es. Pero hay cosas en las que no estoy de acuerdo porque sólo quienes hemos estado rodeados por la tristeza y por gente que vive de ella, que sólo ve a través de su cristal sabemos: si no se le saca jugo a su existencia para que sea energía transformadora, para que surja el pegamento que repara los resquicios, se queda para siempre y te sustituye. Y tampoco se puede ser sólo triste… hermosísimo texto Alma Delia.

  4. Deberían ser un delito las terapias antitristeza, particularmente es en ese estado de profunda melancolía cuando soy más creativo, pareciera que mis entrañas explotan y que mi mente convierte esos pedazos de tripas en ideas jaja
    Saludos Alma, es un texto bellísimo.

    1. Gracias, Pablo Décimo,
      Claro, la emocionalidad es una gran fuente para el ejercicio creativo, qué miedo la sequía porque entonces no hay nada que crear.
      ¿Eres Pablo Décimo de verdad? , o sea, ¿hay otros nueve Pablos arriba de ti en tu familia? (Qué susto, que el nombre replicado es muy desaconsejable desde todas las corrientes psicológicas pues hace psicodinamia con la personalidad del bautizado y se ve obligado a parecerse a sus tocayos predecesores, y pos no, ¿qué modos son esos? Jaja. Perdóname, pero para qué me das cuerda.).
      Un abrazo de Alma Delia Primera.

    2. Jajaja Así es Alma Delia, hay 9 más antes de mí, aunque en definitiva no me parezco a ninguno de ellos. ¡Saludos!
      Ah, y ojalá nunca se te acabe la cuerda que queremos Alma Delia para rato.

  5. De todos los consejos, de todas las terapias, de todo lo posible que pueda «curar» la tristeza, tu texto es la dosis exacta para acicalar el alma.
    Escribía yo, «No encuentro reposo. Estoy cansado, roto, lloroso descompuesto» Y si digo esto a las personas que ostentan el sentido común, en automático eres de los que sufren, de los quejumbrosos, los amargados.
    Tu texto me ha salvado de una de todas esas muertes que mencionas. Qué alivio saber que alguien piensa así.
    Agradezco a Pablo Décimo que me compartió tu texto.
    Me ofrezco para ilustrar algún texto tuyo. Dejo mi página de instagram. ¡Saludos!

    1. Fernando,
      Muchísimas gracias por tu mensaje, es increíble lo apabullante del mensaje de la felicidad edulcorada que parecemos locos quienes no lo compramos.
      Muchas gracias por la oferta de ilustrar alguno de mis textos, será un honor, ya te seguí en Instagram, mi cuenta es @almadeliamurillo77, platiquemos. Un abrazo

  6. ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
    ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
    porque en los seres que el dolor devora
    el alma llora cuando el rostro ríe!

    Juan de Dios Peza, en su poema Garrick, menciona alma con “a” minúscula, hoy Alma con “A” mayúscula, toca el tema y cuerdas sensibles con similar maestría.

  7. Me encanto tu texto, “no estés triste mamá”, le dije a mi madre la última vez que la vi, extrañaba a mi padre. Cada día nos reinventarnos con nuestras tristezas y alegrías. Caminamos con los pies y el alma.

  8. Gracias, Alma.
    Hace 3 años secuestraron a la esposa embarazada de uno de mis sobrinos. Sólo duró 3 días el evento. Fue algo muy intenso pero se logró un final sin lamentaciones.
    En el inter, compuse una de las piezas más dulces y tristes de mi música. No podía dejar de escribir ni de tocar.

  9. Me gusto tu texto Alma Delia, eres una gran escritora. Por ahora no puedo ayudarte economicamente, tsl vez mad adelante. Por ahora solo puedo felicitarte, tu texto es muy fino, me encanta.

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