Golpéate el corazón


Alberto Alcocer / IG @beco.mx

Una vez un hombre me dijo que le daría igual que sus hijos no existieran.

Recuerdo que la revelación me dejó atónita.

Dábamos vueltas caminando en el parque luego de una tormenta. Él, de buen corazón, generoso de oído y en general con todos sus recursos, me escuchaba atento sobre una dolencia familiar. Su alma sensible y solidaria era para mí una certeza, la había palpado de cerca durante años. Así que su revelación me descolocó por completo.

Y es que tendemos a pensar que el amor es indiscriminado. Pero lo cierto es que no.

Cuando vio mi cara de desconcierto, procedió a explicarse (no tenía por qué hacerlo pero lo hizo). No es que no los quisiera, había dado batallas brutales por ellos para cuidarlos, mantenerlos, ofrecerles buenas universidades; no es que no le causara una profunda alegría verlos bien y disfrutaba con ellos, sólo que su identidad y sus emociones no estaban puestas en sus hijos, nunca lo habían estado, ni cuando eran pequeños; no podía decir que su plenitud viniera de ellos y al imaginarse sin hijos se veía igual de pleno o tal vez más.

No en aquella primera conversación pero con el tiempo lo entendí. ¿Quién dijo que los vínculos amorosos padre-hijo o madre-hijo están dados sólo por la biología? El amor filial, como tantas otras de nuestras emociones, también es un aprendizaje, una elección.

Una semana atrás devoré “Golpéate el corazón” (Anagrama, 2019) de Amélie Nothomb a quien desde hace años leo con avidez. Me gusta lo que se atreve a explorar en sus textos porque lo hace con una inteligencia y una profundidad emocional casi obscenas.

En esta reciente publicación Amélie cuenta la historia de Marie, una belleza de dieciocho años que se casa y tiene a su primera hija Diane con la que nunca logra establecer un vínculo afectivo porque se muere de celos de ella; del amor y ternura que despierta en los demás, de que todas las atenciones sean para la niña. La cuida, claro, y la trata con cariño y responsabilidad, pero no está vinculada a ella. La niña anhela con tal intensidad el contacto de su madre “la diosa”, que se pasa los primeros años obsesionada con volver a sentir lo que sintió la única noche que su madre la abrazó en la cuna con ansiedad tras despertar de un sueño en el que la pequeña moría.

Pero ese abrazo no se repite nunca más. Y madre e hija no hacen sino alejarse con los años. Llegan un segundo y una tercera hija de Marie con la que Marie se obsesiona; un amor glotón la hace devorar emocionalmente a la tercera niña y la pobre paga facturas muy altas al pasar de los años.

Diane, la primogénita, observa todo con distancia y lo resiente pero se las arregla dándose explicaciones racionales, casi científicas, de lo que ocurre con su hermana pequeña y su madre.

El libro me incomodó y me cuestionó de muchas maneras porque, seamos honestos, quienes no somos hijos únicos sabemos o intuimos que nuestras madres (y padres) establecen vínculos diferenciados con nosotros; es inevitable que sientan más afinidad con un hijo que con otro, que proyecten distintos pedazos de su identidad en nosotros; y que, descaradamente y por más que lo nieguen, elijan a uno como el consentido. El tema es más viejo que la sarna pero es fascinante pues evitamos hablarlo a toda costa porque, desde luego, duele.

Volviendo a la historia de Diane, un día escucha la frase de Alfredo de Musset que da título a esta historia: “Golpéate el corazón, es ahí donde reside el genio” y lo que ocurre es precioso, Diane, que creció sin el vínculo afectivo de su madre, reacciona haciendo una sustitución racional de la experiencia y decide convertirse en cardióloga. Todas sus formas y búsquedas emocionales estarán marcadas por la carencia de esa primera fusión con la madre; estudiando Cardiología se lía en una relación con Olivia quien también es madre de una pequeña por la que no siente el menor afecto. Ahí la historia se vuelve redonda; oscura y brillante, de final inesperado y preciso.

Pasan los días y no dejo de pensar en el texto. “Un amor tan profundo, tan imposible de curar, tan indispensable al que Olivia sólo había respondido con desprecio…” ¿Nos convertiríamos en madres y padres si atisbáramos la posibilidad de que, por más que se intente, nunca se establezca una fusión amorosa con los hijos?

Hay puñaladas en el corazón para las que no es necesario siquiera empuñar la mano.

@AlmaDeliaMC

40 respuesta a “Golpéate el corazón”

  1. Yo no me imagino en ese papel, a pesar de que el vínculo afectivo es ,como podría llamarse lejano,separado, con mis hijos. Tratando de que agarren su responsabilidad en la vida,

    1. Es una reflexión muy cruda, dura, incolora e insabora, pero exquisitamente cierta; los padres a todos sus hijos los quieren (generalmente), pero no a todos sus hijos los quieren igual; muchas gracias por exponernos las verdades que nadie quiere escuchar pero es importante discernir y aceptar; finalmente cuando se acepta el mucho, poco o casi nada del amor de los padres empieza uno a entenderlos y aceptarlos, a perdonarse y perdonarlos, y eso lleva a la madurez; mis felicitaciones, estos temas de inteligencia emocional son vitales.

    2. Qué interesante. Yo no tengo hijos. Solo puedo imaginar que si alguien no siente vínculo emocional con sus hijos, puede que tampoco lo haga con nadie más, o al menos lo hace de una manera superficial, de la cual es fácil desprenderse.

  2. De lo poco maravilloso de Twitter es encontrar personajes como usted, que parecen que se escaparon de alguna novela.
    Gracias por sus escritos. Los disfruto enormemente.

  3. Hola Alma Delia, casi siempre tus textos son un golpe a mi cerebro y también a mi corazón. Después de leer tu texto de hoy estoy en un limbo con fronteras por un lado de mis padres y por la otra mi hijo. Gracias.

  4. ¡Ay! duele. A pesar de tantos textos que se han escrito sobre la relación filial, siempre llega otro que conmueve. Por supuesto que ser hijo preferido o no preferido lastima en algún momento, en cambio, ser quien consiente o no, es otra historia con su inconsciencia adherida.
    Que tu pluma vuele tras esas palabras. Venga.

    1. Es dolorosísimo, Celia; yo, aunque me pesa y es duro admitirlo, sé que he sido consentida de mi madre en muchos sentidos, el primero: me dio la libertad cuando me fui de casa a los 19 años; y sé que lo hizo porque luego de hablar largo y entender que yo no desistiría, sólo me pidió que le diera la fecha y hora exacta para no estar ella presente. Me liberó de la culpa de verla sufrir mientras me iba para que no me arrepintiera. Fue el mejor regalo posible.

  5. Hola Alma Delia.
    Un texto que lleva a una multitud de reflexiones. El amor por los hijos o el hijo no es cuestión de genética, de sexo, de género, de psicología o sociología o teología. Es tan complejo como lo es el indefinible ser Humano, así con la H grandota. Hay quien tiene hijos por costumbre, así me lo dijo alguna vez un amigo similar al tuyo. Pero quien crece con hambre de piel, de afecto manifiesto, humanamente su desarrollo fluctúa entre los extremos por lo que los grises no existen. Van de lo brillante a lo mediocre en todos los campos de la convivencia humana. Abrazo.

  6. Cada vez te admiro más Alma, es sensacional la forma en que creas un texto con una historia que da pie para sumergirnos a otro libro mas y crear la curiosidad y el interés de terminar el primero para ir a leer el citado, felicidades por tu talento, un abrazo.

  7. Nunca había leído una explicación tan clara de la relación entre mi madre y yo, entre mi madre y una de mis hermanas, y gracias por eso. No fui yo, no fue personal… simplemente es como el árbol que nunca se plantó, porque creo que así es el amor, como una planta dentro de nuestro corazón por cada persona que amamos.

  8. Encantada estoy. Este libro lo he leído también recientemente, en mi caso es el primero de la autora y deseo conocer más obras suyas, y la pregunta final es sí, justo lo que comentaba con mi tía en la comida, que es como mi segunda madre, que quizá a sus oídos suene egoísta pero habiéndome sentido como lo hizo Diane yo no siento deseo de convertirme en una figura familiar de ese calibre. Quizá con el tiempo lo desarrolle pero mis deseos son otros, lejos del ideal social en el que una mujer debe ser dadora de vida, de familia. No me veo, o aún no. Y sí, he escuchado hasta la saciedad «Son mis hijos, los quiero a los dos», pero la afinidad es algo que a mí parecer no se puede evitar y mi lado afín, por suerte o desgracia, puede vivir perfectamente sin mí, como aquél que te dijo que le daba igual que sus hijos no existieran. Fin.

    1. Delia, gracias por tu incitante texto, muchas imagenes has traido de entre mis recuerdos. En tanto mi vida pasa soy testigo de una situación como la del libro que citas, sin ser la protagonista duele ser testigo de esa historia porque quizás en el fondo duele reconocer que el amor si discrimina y que la persona que te dio la vida es justamente una de ellas.

  9. Después de leerte es inevitable ponerse en el papel, en mi caso de hija y pensar cómo es mi relación con mi madre… Fuerte el pensarlo. Gracias, que buen texto y reflexión.

  10. Muy buen texto Alma. Me pregunto si esto no viene desde antes del embarazo. Hay embarazos deseados y no deseados. Luego nacen los hijos. Mi mama dijo al principio uno los quiere igual y conforme pasa el tiempo el amor se inclina mas por uno que por otro. Sera cierto? Hay muchas variables
    Concluyo que hay madres que no sienten un amor verdadero por sus hijos y esto es lo sorprendente que a pesar de ello nunca dejaron de cumplir con sus responsabilidades como madres.
    Me pregunto que sentiran cuando esto se hace conciente.
    Un abrazo Alma

  11. Alma, el rechazo también nos libera y nos hace fuertes. Ser el hijo consentido está bien, pero ser deglutido o devorado como ocurrió con la tercera hija, es peor. Voy a leer ese libro.

  12. Alma, me encantó tu texto. Cuando lo terminé de leer tenía tantos comentarios para hacer, pero ahora que leí algunas de las respuestas que has dado a comentarios anteriores, únicamente quiero decirte que sí, tienes razón al llamar «el mejor regalo posible» al que te dio tu madre aquel día que decidiste independizarte. Yo me independicé hace 4 años y créeme que recuerdo esa noche como una de las más tristes, vi sufrir a mi madre el dolor de alejarme por primera vez de ella, siendo el consentido. Qué gran análisis nos has puesto a hacer a muchos. Un abrazo.

  13. Nos
    Convertimos en
    Padre
    Madre
    Por mil motivos
    No necesariamente por la búsqueda de
    fusión-amorosa padreo madre-Hijo.
    Es un estereotipo
    Se vuelven nuestros cómplices o nuestra complicada distancia
    Ellos están ahí independientes con o sin mi y siguen existiendo
    Autónomos por convicción u obligación

  14. Que interesante lectura. Ahora mismo quiero leer ese libro que recomiendas. Soy psicoterapeuta y 3ra hija, en una familia en el que las preferencias han dejado huella dolorosa. Siempre supe que no fui la hija preferida de mi mamá y me ha tocado ver su dolor ante la muerte del hijo y la hija que sí lo eran. Es tema escabroso. Tengo una sola hija, no me tocará eso.

  15. Yo como La protagonista del libro nunca logré una conexión con mí madres, tal vez porque llegué demasiado pronto y fuera de un tiempo proyectado. Además reconozco que para ella era difícil pensar que el primogénito fuera MUJER y que además pensara por su cuenta y sin ajustarse a los mitos, creencias, tradiciones, etc. Familiares.

  16. Mucho que reflexionar con tu texto, en mi caso no hemos logrado un gran vínculo mi madre y yo, a pesar de ser hija única, así es que esto no solo se da con los hijos consentidos y los menos consentidos, o así fue en mi caso
    Sin embargo tengo dos hijos con los que tengo una relación cercana y estrecha.
    Agradezco tus letras que siempre me llevan a la reflexión, ahora buscaré el libro…

  17. Imposible racionalizar los afectos. Ni siquiera cuentan las afinidades para preferir a una persona. Mejor aceptar las cosas como son y no devanarse los sesos.
    Siempre es de gran interés lo que escribes.
    Besos.

  18. Somos seis hermanos y todos sabiamos y sabemos quien era y siempre fue su consentido,esa oveja negra que afortunadamente siempre debe existir,pero nunca existio ni hubo diferencias mucho menos envidias por tan utopica ironia ,cuando me converti en padre de mis dos hijos hoy ya mayores tal vez lo entendi aunque no lo comparti,lastima que no seas madre por decision propia para que pudieras opinar de manera modo madre.

  19. Es un tema complicado y oscuro a nivel individual, decides tener hijos y luego te das cuenta que no tienes un vínculo con ninguno de ellos, que duro es darse cuenta de eso.
    Entiendo que mis padres tienen sus vínculos (preferencias) distintas con cada hijo, de ahí viene el hijo favorito. Me tocó no serlo. Yo soy padre, tengo 2 y con me siento vinculado con cada uno, de modo diferente, pero reconozco con uno de ellos, la relación es muy buena.

    Lo duro es cuando te das cuenta que no existe ese vínculo.
    Considero que eso no es normal. Algo debe haber.
    Pero el tema es genial!
    Me lleva a leer, investigar.
    Excelente como siempre.

  20. Tengo 2 hijos.
    para abrazarlos sin poder decir nada de tanto que hay que decir, de tantos abrazos que no se han dado…
    Tanto que no saben ellos. Tanto que creo saber lo que no saben…

    «Escribo qué escribo… » A.M.

  21. Soy hijo mayor de tres, yo no tengo hijos. Mi madre ve y demuestra de diferente manera el amor por sus hijos, no es que quiera a uno mas que a otro, pero dependiendo las circunstancias es como actúa, uno vive fuera de la ciudad, otro con tres hijos, yo son hijos. Y nosotros nos acoplamos a ese amor de madre, no creo que haya envidias, porque a final de cuentas, el amor de una madre, es un amor incondicional y mi madre entrega todo su amor por sus hijos y nietos.

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