De lobos, criaturas y otras monstruosidades

La humanidad es inseparable de su bestiario.

El tamaño, la apariencia, la capacidad destructiva y la forma en que se enquistan esas bestias en nuestro imaginario colectivo depende de dos cosas: la temporalidad y la capacidad de conciencia.

Cuando digo temporalidad, me refiero a que, según la época, nos resulta terrible tal o cuál práctica, nos resistimos a cruzar tal o cuál puerta para asomarnos al abismo del mal. En nuestra rabiosa ultramodernidad, por ejemplo, tenemos una enfermedad llamada “presentismo”, todo lo queremos juzgar desde el contexto del presente aunque venga de quinientos años atrás.

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